Trabajar sobre mí misma. Es el reto que me planteo. Ser
alguien activo para mí misma.
Después de unos días bastante horrorosos y frustrantes he
llegado a una conclusión.
Últimamente me he atacado con una severidad que ningún
ser humano merece. Esos pensamientos han vuelto a aparecer, atacándome donde
más duele, donde más temo que me ataquen. Frustrante sensación esa en la que te
vas haciendo pequeñita, gris y silenciosa. Saber que haces mal, que tienes que
parar; pero no hacerlo.
A veces me pregunto porqué me importa tanto la sociedad,
si ya sé que no debo hacerlo. A veces me pregunto porqué le doy tanta
importancia a aquellos que no me respetan. A veces me pregunto porqué sigo
pensando que yo soy el error de mi vida.
Todos tenemos heridas en el alma, heridas que nos
acompañarán durante todos y cada uno de los días de nuestra vida. Unos los enfrentan,
con mayor o menor éxito; otros los esconden, pensando que así no los notarán;
otros se habitúan a vivir con ellos. Mi herida me acompaña desde la infancia.
La negué, la escondí, la ignoré y, ahora, quiero enfrentarla.
Sé que he cambiado, sé que no soy exactamente lo que la
sociedad dicta para alguien de mi edad. Sé que soy nerviosa, a veces
insoportable, chillona cuando me altero, aprensiva incluso por cosas que aún no
han llegado. Pero ¿realmente soy un error? Durante mucho tiempo se ha ido
formando en mí la idea de que soy un cero a la izquierda, alguien que no merece
el cariño y la aceptación de los demás por lo que es, que debería cambiar miles
de cosas, que siendo así jamás encontraré mi lugar.
Ya está bien. En el fondo de mi corazón se que no soy
mala persona: no busco mi bien por encima del de los demás; no juzgo sin antes
conocer; no margino a quienes son diferentes; no he actuado guiándome por la
maldad; he respetado cada opinión y he dado oportunidades, porque todos somos
humanos y débiles en algún sentido. ¿Tengo defectos? Sí, claro. Unos puedo
cambiarlos, pero otros son parte de lo que soy, y aunque estos últimos días los
he utilizado para hacerme daño y hacerme sentir inferior, la verdad es que no debería
verlos así. El conjunto de mis virtudes y mis defectos hacen que yo sea quien
soy. Tengo derecho a equivocarme, y a que los demás me quieran igual. Porque
los defectos solo son malos si yo los veo así.
Si quiero ser respetada, si quiero ser amada, si quiero
ser alguien tengo que empezar creyéndomelo yo. He ahí mi reto: pensar más en
mí, ser mas yo, y menos como creo que quieren los demás. Aquellos que realmente
merezcan la pena, aquellos que realmente tengan que entrar en mi vida, se que
lo harán en aquel momento en el que yo sea natural, porque les gustaré por
aquellas virtudes que yo tenga, pero, sobre todo, me aceptarán y querrán por
mis defectos y manías. Mi conclusión, mi camino en este momento, es cuidarme y
respetarme. Será difícil, querré abandonar más de 1 y de 2 veces, no me sentiré
capaz… pero lo voy a intentar con todas mis fuerzas. Me lo prometo.